HISTORIA DEL ACEITE

Actualmente el ACEITE es un elemento indispensable en nuestra alimentación. Se puede obtener de diferentes frutos que dan lugar a distintos tipos de aceites, todos ellos beneficiosos para el organismo.

Cabe destacar entre ellos el aceite de Oliva. El más importante de los aceites comestibles por sus grandes beneficios para el organismo y por su aroma, sabor y textura insuperable.

Su aplicación culinaria le convierte en un valor añadido a la gastronomía, siendo nuestra dieta mediterránea la que más lo utiliza, proporcionándole un perfume y sabor único en sus platos.

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Hace más de 4.000 años, el olivo fue introducido en España por los fenicios que lo trajeron de oriente, un pueblo comerciante que empezó a cultivarlo en Cádiz y Sevilla. Gracias a los romanos se expandió el cultivo por toda la península, inundando los campos de Tarragona y los valles del sur. Ellos ordenaron y sistematizaron el cultivo y producción del olivo a medida que iban conquistando territorios. Estudiaban el terreno y cultivaban donde las condiciones eran las idóneas.

Posteriormente los árabes perfeccionaron la forma de producir el aceite, siendo la palabra "az-zait" (jugo de aceituna) de la cual procede la palabra "aceite". Son los responsables de la introducción y aclimatación de sus variedades en el sur de España.

Aplicaron nuevas técnicas de obtención del aceite y lo integraron definitivamente en la cocina, utilizándolo para freir, como conservante o para aliño. Crearon las almazaras donde procesaban y obtenían el aceite.

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El fruto del olivo es la aceituna, de la cual se obtiene un zumo repleto de néctar y fragancias, con sabores irrepetibles.

Este "oro liquido" se ha convertido en parte muy importante de nuestra cultura y nuestra dieta mediterránea.

El máximo exponente de este aceite es el aceite de oliva virgen extra.

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